Vivienda y Decoración, CHILE 2008

mas informacion; 
http://diario.elmercurio.com/2008/10/25/vivienda_y_decoracion/_portada/index.htm


Los estudiantes de segundo a quinto año de arquitectura de la Universidad de Talca acaban de terminar el diseño y construcción de nueve plazas para la ciudad y sus alrededores, en el marco de su Taller de Obra. A cargo de absolutamente todo el proceso, los alumnos dieron nueva vida a los peladeros de la zona, utilizando mayoritariamente elementos autóctonos y materiales de desecho. 


Texto, Cintya Ramírez Fuentes Fotografías, Viviana Morales

Desde el año 2004 Talca y sus alrededores están viviendo una interesante transformación. A través del curso Taller de Obra que dicta la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Talca, alumnos de segundo a quinto año han creado juntos más de quince plazas de distintos tamaños y materialidades.

El primer año trabajaron en la localidad de González Bastías; luego en Curtiduría; la tercera experiencia fue en cuatro sectores de Corinto y, la cuarta, en Colín. Según cuentan algunos profesores, esa última intervención no resultó como esperaban, y es que la ausencia de comunicación con los habitantes del lugar, se tradujo finalmente en que la comunidad viera la obra como algo ajeno y no la utilizara.

Con esa lección bajo el brazo, este año la Universidad se dio una nueva oportunidad y amplió su meta con la realización de nueve proyectos en paralelo. Dirigido por el director de Escuela, Juan Román, este taller buscaba "intervenir los peladeros de Talca de una forma adecuada. Sucede que esos sectores normalmente están mal utilizados y descuidados, no son un aporte para los niños ni para gente que vive a su alrededor y, además, terminan como basurales o zonas de delincuencia", opina.

En marzo –y coordinados por los profesores José Luis Uribe, Rodrigo Sheward, Tatiana Schukkert, Lorenzo Mazzarini y Martín del Solar– los 300 alumnos participantes comenzaron a investigar cuarenta posibles locaciones. Mientras tanto, un grupo se encargó de estudiar y diseñar las plazas y otros de gestionar la obtención de recursos y permisos municipales.

Además, para no repetir la experiencia del año anterior, un equipo estuvo en permanente contacto con las juntas de vecinos y los habitantes que se verían favorecidos por las nuevas plazas. Esto sin intención de hacer del taller un acto de beneficencia, sino que simplemente como parte de lo que sería una buena gestión. Y es que tal como explica el director de Escuela "esto no tiene un fin social. Tiene una consecuencia social, pero es un proyecto educativo con el que estamos formando arquitectos".

De esa manera, entre agosto y septiembre se llevó a cabo la construcción de las nuevas plazas para la Región del Maule. Y, a pesar de que no fue rígidamente programado, algunas características generales surgieron en el camino. Por ejemplo se usaron muchos materiales de desecho y otros rescatados en la zona, lo que permitió emplear un reducido presupuesto. De hecho, la más cara costó sólo dos millones y medio. Ésta fue la plaza de Colín, donde en una hectárea se hizo un bosque artificial con tres mil varas de colihues rojos. Por su parte, las más baratas fueron la plaza de pallets en Talca, con un valor de 130 mil pesos; y una estructura de cañas en el acceso a Pelarco en que se gastó apenas 100 mil. La primera se construyó con una base de tinetas de pintura y 250 pallets (aportados por una empresa frutícola), que dispusieron componiendo un acogedor suelo con asientos de madera y espacio para árboles y flores. La segunda nació de la idea de cuatro alumnos que propusieron usar las cañas que crecen a orillas del Río Claro. Los estudiantes se encargaron de cortarlas, limpiarlas y prepararlas para dar forma a una cubierta de cañas entramadas, con soportes del mismo material, en donde sólo se compró el acero que las une.

Su estructura además da sombra a quienes se acercan al lugar, otra cualidad constante que se requiere en un valle donde el sol es muy fuerte. Claro ejemplo de ello son las tres plazas que se hicieron en Talca en base a un escaño de hormigón de una sola pieza instalado bajo la sombra de un gran árbol. Según explican los coordinadores del taller, se hizo así porque esos dos elementos son suficientes para crear una plaza mínima que reanima un terreno vacío y, a la vez, otorga un pequeño espacio de reunión para los habitantes del sector.

Asimismo, el bosque de troncos en el borde del estero Baeza en Talca, también usa la sombra de los sauces existentes. Los pequeños troncos fueron recolectados e instalados sobre varas de fierro rojas, que los alumnos consiguieron en la construcción del casino de Talca.

Al estar elevado, el grupo de escaños de madera proyecta una idea de ligereza, "da la sensación de que podrían desaparecer en cualquier momento. Pero fue algo inconciente", cuenta Román. Eso se puede ver también en San Rafael, donde se realizó una plaza en base a un bosque de 150 varas de PVC de seis metros de alto. Con ayuda de la Municipalidad se limpió el terreno, se instalaron juegos para niños, asientos hechos de tinetas y se puso gravilla y maicillo.

Para cerrar el taller, los estudiantes diseñaron una última intervención, esta vez temporal. En plena Plaza de Armas de Talca hicieron una inmensa instalación de 400 paraguas rojos montados con un sistema de poleas a cinco metros de altura. Sólo estuvo un fin de semana, pero se buscaba abordar no solamente la presencia física y permanente de un objeto, sino que también la relación que pueden tener los arquitectos en el impacto de las experiencias y en el dinamismo del entorno. 

Cintya Ramírez Fuentes.

logo small
Procesos Locales